"DIVIDE ET IMPERA"
El axioma que nos rige
Julio César se hizo famoso por su habilidad política y por su trágica muerte. Ambos elementos convergen hoy en que nos heredó esta frase breve pero efectiva y muy vigente: "Divide et impera", que hoy lo leemos como "divide y ganarás". Para darle un poco de impresionismo, les recuerdo que ideas similares aconsejaba Nicolás Maquiavelo en su famoso libro El Príncipe por allá en el 1532.
Pero esto es historia y hoy, lamentablemente, esa historia nos rige. En todas partes del mundo las élites usan este axioma para conseguir sus fines económicos, perpetuando infinidad de guerras que requieren de dos bandos, osea, de haber dividido a la gente, y de aglutinar adeptos a cada bando opuesto, perpetuando en forma indefinida esas diferencias.
Las guerras armadas, por ejemplo, son claramente campañas económicas previamente planificadas y benefician a las élites que gobiernan tras bambalinas a grandes potencias mundiales, que tienen el negocio de las armas y de la explotación de recursos naturales y estratégicos, porque tras generar un conflicto, se logra dividir a una nación o conjunto de naciones, para luego consumirlos en una guerra sin fin, salvo que se consiga el propósito buscado, esto es, el control de sus recursos, implantando un gobierno que les garantice ese propósito. Eso es lo que sucede hoy en medio oriente y en Venezuela, donde los Estados Unidos vienen haciendo esa tarea desde hace muchas décadas, implantando una división absolutamente irreconciliable entre los americanistas y los nacionalistas, por que eso es lo que hay. No me extrañaría que esta tremenda campaña comunicacional financiada por el país del norte, logre sus frutos y vuelva Estados Unidos a colocar un gobierno de élite en Venezuela que le ceda absolutamente todas sus plantas petrolíferas y de gas que posee hoy el Estado venezolano, pero que antes de Chávez, estuvieron bajo el control de empresas americanas. Cuando se viene generando esa división en un país por tantos años, es imposible no ver conflictos así. Suerte tiene un país cuando nadie se fija en lo que tiene y no reviste interés alguna para la élite mundial.
Lo mismo sucede con las guerras contra las enfermedades. Qué curioso que en el siglo pasado, en sus inicios, la medicina lograba acabar con las enfermedades!. Hoy sólo se combaten eternamente para hacerlas un bien de consumo, un negocio para los grandes laboratorios. Es lo que sucede en la lucha contra el SIDA, contra el Cáncer, por solo dar un par de ejemplos. La guerra contra el narcotráfico es lo mismo, se controla, pero no se combate desde su raíz, porque al final es un lucrativo negocio.
Lo peor de todo esto, es que para esas élites ambiciosas y egoístas, existen tantos elementos que hacen tan fácil estas divisiones y formación de grupos antagónicos, que su labor se hace tan fluida como no lo puedes imaginar. Los modelo políticos y económicos dividen a un país, las religiones dividen al mundo, el racismo divide al mundo y a las naciones en su interior, el clasismo, genera desconformismo entre los conciudadanos, que se sienten fuera de los grupos privilegiados. En Chile sucede esto último; históricamente Chile ha sido gobernado por una élite de extranjeros que no conocen de patriotismo, más que de obediencia a sus naciones de origen o a sus propios intereses. La guerra del Pacífico fue llevada a efecto para garantizar la apropiación de las salitreras por el imperio británico, y sus serviles señores de la época obtuvieron su tajada usando a los chilenos y el estúpido patriotismo que dio como resultado sangre derramada por gente común y nada para la patria, aunque la guerra se ganó, claro, se ganó para los ingleses, que explotaron las salitreras libremente por muchas décadas en las tierras quitadas al Perú y a Bolivia. Esa estrategia de división, nos mantiene hasta el día de hoy con una enemistad con esos países hermanos.
Y eso no es todo, en Chile se supone que existen dos bandos, la derecha y la izquierda, aunque realmente los partidos políticos dominantes se auto califican de "centro", de centro derecha y de centro izquierda. Gran mentira, el duopolio que ha gobernado Chile desde que se fue Pinochet con su tremenda jubilación de dictador, es de derecha. Por una parte está la extrema derecha aglomerada en la UDI Y RN y la centro derecha, que aglutina a todos los partidos de la antaño Concertación de partidos por la democracia, hoy Nueva Mayoría. La condición que puso el régimen militar para dejar el poder fue precisamente que la izquierda nunca más gobernara en Chile, y se ha cumplido. La Izquierda está tratando de surgir hoy con el Frente Amplio, emulando al movimiento que puso a Uruguay en la cúspide de los países más desarrollados de Sud América, y el Frente Amplio es de centro Izquierda y no de extrema izquierda como la élite, a través de los medios de comunicación, quiere hacer creer a todos. Pero los chilenos creyeron por décadas que la centro izquierda era la Nueva mayoría. Que gran mentira!. Con razón han gobernado ambos bandos para la élite.
Pero todo esto es manipulado por esa élite radicada en Chile, que ha gobernado desde siempre, prueba de ello es que han estado financiando ilegalmente a ambos bandos políticos, generando una crisis institucional tremenda y una pérdida de confianza del ciudadano en sus instituciones políticas, dejándolos sumidos en un desconformismo y depresión colectiva manifestada principalmente en bajísima votación en las urnas... ¿quién gana con esto?... Los de siempre, la élite, que nos tiene divididos en dos bandos al estilo de Julio César. Y esos bandos cada vez que hay un escándalo provocado por la filtración de sus ilegalidades y corrupciones, se dividen y crean nuevos partidos, pero compuestos por los mismos de siempre, son los partidos hijos de los padres corruptos, que nos quieren hacer creer que son mejores que sus progenitores, pero con los mismos genes. Es un mecanismo más de distracción y engaño.
Es urgente que la gente piense como ciudadano y no como partidista, porque a la vista de los hechos delictivos de ambos bandos, si usted toma un bando, termina criticando a sus opositores y se vuelve cómplice de los suyos. Quizá falte educación cívica, la cual ya fue eliminada de las aulas de clases. Sobran las distracciones mediáticas de farándula y falta una sociedad instruida y educada para que dejemos de ser masas inertes y estúpidas usadas para nuestra propia perdición y para el beneficio de muy pocos.

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